Los secretos de un muro

Muro nazari

Que Granada es una ciudad que fascina, entre otras cualidades, por todo aquello que oculta a una primera vista es ya idea acreditada, lo que resulta cuando menos sorprendente es que aún hoy queden espacios por descubrir y rincones ocultos dotados de una importante carga histórica. Véase si no esta muestra de nuestro pasado recientemente descubierta que nos muestra nuevas líneas de investigación e interpretación de nuestro pasado.
La existencia de un lienzo de muralla oculto en un aparcamiento urbano se supo al iniciar las obras del mismo hace ya unos años. Su pervivencia y funcionalidad se sustrajo al interés de la ciudadanía y nadie dedicó un minuto a explicar su origen y destino.
Con estos antecedentes, nuestra sorpresa fue mayúscula al toparnos en el aparcamiento del Violón con un lienzo de muralla de un ancho superior al metro, una altura en torno a los dos, si no más, y el largo de no menos de cincuenta metros.
Sus materiales constructivos nos recordaban los más antiguos de la muralla urbana: el calicostrado típico de cal grasa, mechinales, mortero de canto rodado y arena, todos ellos propios de las construcciones más antiguas de la ciudad.
No sólo nos sorprendió por sus dimensiones y buen estado sino también por la presencia de tajamares en la base y refuerzos de ladrillo en el ángulo más extremo y todo ello nos produjo no poca perplejidad pues su ubicación, en el lado de fuera de la ribera del Genil era algo inusual y contradictorio con la organización urbana preexistente, pues no protegía el casco urbano de posibles inundaciones o desastres, sino, en buena lógica, su presencia multiplicaría los destrozos que estos produjesen.
Descifrar aquel enigma nos supuso algunos quebraderos de cabeza y bastantes horas de búsqueda de información. Todo en vano, pues ni las más preclaras guías de la ciudad ni sus arqueólogos más acreditados parecían interesados en dar lugar a una interpretación adecuada de semejante dislate urbano. Y, por supuesto, mucho menos, ni a los constructores ni a las autoridades se les había pasado por la cabeza gastar un euro en colocar allí alguna placa explicativa del monumento, dejándolo simplemente anclado sobre una losa de hormigón armado moderno como un tótem en mitad de una cacharrería de coches.
Estas infructuosas pesquisas nos encauzaron, como no podía ser de otro modo, a la indagación en la red, herramienta a la que mi colega de paseos e investigaciones profesa verdadera fe. Después de varios días de búsquedas desatinadas e infructuosas, una noche cayó en mis manos documentación que podría resultar esclarecedora y le llamé: he encontrado los planos de obra del aparcamiento. Al realizarse las obras en zona especialmente protegida, se hizo el debido estudio arqueológico. El dossier lo califica como muro de contención del río, perteneciente a la época almohade (siglo Xlll), realizado en calicostrado de cal grasa y con algunas incorporaciones nazaríes. El estudio es completo, muy profesional, pero carece de una explicación de contexto razonada de la ubicación de semejante muro en el lado equivocado del río.
-Me lo temía, dijo mi amigo. Pero es algo para empezar. Sigamos por ahí. ¿No tendrá algo que ver todo esto con el Alcázar Genil, que está ahí mismo, al lado?
-Pudiera ser. En Granada todo es posible (como muy acertadamente acuñó el gran Manolo Escobar) o, al menos. verosímil.
Nuevamente le echamos unas noches de esforzado rastreo en internet y, ahora sí, en algunas guías encontramos información sobre el Alcázar Genil: su origen almohade, la propiedad última en manos de Fátima Aixa, madre de Boabdil; el porqué de llamarse también palacio de ABU SAID, otro ilustre propietario e inquilino de historia criminal y dramática (que otro día contaremos), y las pistas nos fueron llevando a concluir que aquella era una muralla, claro, pero no urbana sino perteneciente a la fortificación protectora de la Gran Almunia Real conocida por Alcázar Genil.
En ese lugar se erigió una construcción edilicia que desde la época almohade estaba protegida por la muralla, desde la época del gobernador almohade Al Mutasim es conocida como Residencia de Invitados Principales.
La enorme transformación-destrucción del espacio urbano colindante y la inexistencia de excavaciones oportunas, así como la demolición paulatina de los elementos arquitectónicos de la Almunia Real impiden hoy comprender la amplitud de un real sitio dotado de una gran alberca, varios espacios de recreo, salones de recepción y una acequia, (la de terramonta o arabulaila) que llevaba el agua hasta las Huertas Reales. Hoy sólo queda la kubba y los dos pabellones añadidos por Rafael Contreras y los Duques de Gor a ese gran espacio en el que los sultanes recibían a sus huéspedes y aliados y, a veces, a exiliados de confianza como el Infante Felipe, hijo de Alfonso X el Sabio.
Concluyamos: ¿muro de contención?, sí. De las riadas, en parte. ¿Muralla?, también; muralla que protegía el Alcázar y sus pabellones palatinos, la almunia y los espacios de recreo situados en el camino que conducía hasta la costa, hasta la Alpujarra y su ruta de la seda, enclave defensivo, también, de una ruta vital para los intereses del Reino.

 

 

 

 

 

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Un comentario en “Los secretos de un muro

  1. Pues yo me había creído lo del muro de contención no era muy lógico, pero era una explicación. Nunca ha pensado que Alcazar Genil fuera algo amplio. Nuevos datos. Habrá que revisar, una vez más, a Seco de Lucena y alguno que otro.
    Gracias por vuestro tiempo.

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