EL DÍA QUE DESCUBRIMOS LOS BAÑOS (árabes) DEL ALBAIZÍN

 

Fotografia de Rocio Fernandez Izquierdo

Baño árabe del Albaicín. Fotografía de Rocio Fernández Izquierdo

 

Entre las más interesantes y entretenidas tareas que la explicación del Patrimonio Cultural de la ciudad nos provoca está sin duda la búsqueda y localización de espacios, rincones, objetos materiales y aún monumentos, que bien por estar en manos privadas o públicas, u  olvidadas de la mano de Dios, casi nadie conoce, cuanto menos  atiende a ubicar en su lugar y situación precisos. La búsqueda y localización de estos espacios singulares se convierte en ocasiones en una tarea más próxima a la búsqueda y captura policiaca o a los remedos de los indianajones de pacotilla que a un verdadero trabajo de campo donde nuestros predecesores, los arqueólogos e historiadores lo saben casi todo, pero lo guardan “pro domo sua” en sus cajones y gavetas, todo lo más sometidos al escrutinio de los eruditos y profesionales del ramo, muy alejado todo de la vox populi a quien queremos llevar nosotros estos dulces culturales que tienden a parecer asunto menor cuando en verdad son codiciadas piezas para los profanos y aún los entendidos en nuestra historia.

 

Uno de los espacios en los que más dificultades encontramos fué sin duda la localización de los BAÑOS ÁRABES DEL ALBAIZÍN. Monumento almohade coetaneo de la expansión extramuros de la vieja ciudad zirí y pieza clave en el desarrollo urbano y doméstico a partir del siglo Xll y Xlll.

Bien leídos llevábamos los informes de los expertos: Gómez Moreno, Gallego Burín, Orihuela Uzal, y otros, los cuales sin género de dudas los ubicaban en la calle del Agua del Albaizín, en los números 1, 3, 5 de la citada calle, con entrada actual por Cuesta de la  Almona hacia un patio corrala de vecinos donde persistían (pese a la afrenta de la demolición parcial  de alguna de las salas) tan preciado y desconocido monumento.

Nuestros primeros pasos nos llevaron, como era de rigor, a las citadas casas. Con poco acierto, pues encontramos las puertas cerradas y nadie nos dió fe de que allí hubiera otro cosa que las tres viviendas de tres señoras nonagenarias emparentadas entre sí y afincadas en la manzana. Fiasco mayúsculo que volvió a repetirse una segunda y tercera vez. A la de cuatro pudimos hablar por fin con Paquita, la propietaria de la casa número 1, a la cual se le pusieron los pelos de punta cuando le preguntamos por el motivo de nuestra presencia allí . Lo que ella nos dijo fué determinante para abandonar momentánemente  las pesquisas por ese lado:

-“Aquí no hay más agua, nos soltó lacónica y seria, que la que sale del grifo; busquen Uds por otro lado”. Sin embargo, algo en su expresión nos dió a entender que no decía toda la verdad y que por alguna razón (que no podía ser otra que la de evitarse molestias), no estaba dispuesta a franquearnos la entrada con la ilusa intención de contemplar algo, lo que quedara, de aquel baño legendario. La frustración sin embargo no fué óbice para seguir investigando algún ardite o pacto que convenciera a Paquita, a la que abordamos otra vez, de forma amistosa, dejándole caer una invitación en la cercana Casa Pasteles para ablandar sus resistencias. Su terca negativa fué bastante brusca:

-“Ya les dije que no, que aquí no hay ningún baño de ninguna clase, y en el mío gasto ducha”. En fin, gestión perdida, aunque no del todo, pues aprovechamos para indagar en la llamada “casa árabe de Pardo”, unos metros más arriba de la misma calle, donde sabíamos de la existencia de una casa morisca remodelada, ya que no rehabilitada en estricto sentido, donde quizá, por una remota casualidad fuera allí, y no junto a Plaza Larga donde se encontraran los citados baños.

No, no, nos dijeron las vecinas a las que preguntamos. Ahí no hay baño, todo lo más un aljibe de tantos  y además los dueños viven en Madrid y no dejan entrar a nadie.

Los baños existían, pero,  ¿cómo verlos?. Logramos encontrar alguna foto antigua y malbaratada que lo probaba, los expertos también lo indicaban sin género de duda. Pero había que documentarlo y probar con pelos y señales a día de hoy, que aún quedaba en pié algún resto real y visible que   mostrar a los estudiosos y participantes en nuestras visitas.

Durante varios meses desistimos de intentarlo. La puerta se había cerrado bruscamente y ya  hemos aprendido a fuerza de tiempo que sin la colaboración de los propietarios de un bien cultural protegido o no, privado o público, jamás se consigue, ya no visitarlo, sino siquiera documentarlo.

Nuestras pesquisas siguieron por los alrededores de la calle del Agua encontrando en compensación valiosos espacios y aún casas no conocidas antes, en ruinas algunas, como la del Callejón de la Botica, reconstruidas como la de la calle de las Minas o la “arreglada”  muralla Zirí, visitada desde el interior de un domicilio particular del rincón de Plaza Larga.

Si alguien nos preguntaba por los baños del Albaizín, le dábamos largas: estamos en ello. Existen, no hay duda; quedan restos importantes. Tarde o temprano los visitaremos, pero no es asunto fácil. la buena intención quedó postergada para tiempos futuros.

Casi olvidado el trajín una mañana la Doctora M. X. Trabajadora del Centro de Salud del Albaizín,  y a la que alguna vez habíamos contado nuestras cuitas nos sorprendió con la siguiente información:

-En el otro lado del baño que buscáis, en la Corrala,  vive Ma. C. D. que es paciente mía, y persona que me tiene confianza. Pedid un domingo por la mañana que ella en persona y con la máxima discrección os dejará ver EL BAÑO.

Asi, de forma tan azarosa, un domingo de la primavera pasada hicimos la visita: Vimos unos restos aún saludables del vestíbulo y de la primera sala del baño, y aún los restos de una segunda con sus típicos lucernarios y claraboyas.

Su estado era lamentable, lleno de escombros, (casi un metro de altura),  maderas viejas, objetos inútiles. Una masa de polvo acre nos impedía la respiración en su interior…Pero ya podemos decir con conocimiento de causa: ¡Sí, existen los BAÑOS (árabes) del ALBAIZÍN. Nosotros los hemos visto, Sra Paquita¡.

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3 comentarios en “EL DÍA QUE DESCUBRIMOS LOS BAÑOS (árabes) DEL ALBAIZÍN

  1. No hay un dpto. o sección en el ayuntamiento que financie unas obras de restauración?. O quizás nadie ha pensado en adecentar esos baños un poco y cobrar una entrada simbolica? Dios le da pan al que no tiene dientes

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