ENRIQUE MORENTE: El hombre y el Artista.

Tenemos los granadinos en este momento una oportunidad única de acercarnos al  universo de Enrique Morente con la tranquilidad y reposo que da la perspectiva del tiempo y la contemplación de una gran exposición, entre cuyas vitrinas y recuerdos podemos recorrer su vida en estampas de juventud y madurez siguiendo el perfil de un artista inquieto e inconmensurable si sumamos los diferentes caminos por donde hizo correr sus pasos y su arte.

En la reciente exposición en el Palacio de Carlos V pueden contemplarse decenas de fotografías del artista, carátulas de discos, anotaciones rápídas en cuadernos, cuadros y grabados de Lorca, Picasso y otros, y cuantiosos recuerdos de un hombre sencillo, casi siempre alegre, todo lo más concentrado en su arte o escuchando a unos u otros con esa naturalidad característica del hombre que conocimos paseando por las calles como un vecino más.

Un detalle de observación fina nos muestra en abundancia a Morente reposado y atento, escuchando más que hablando a los que tiene a su alrededor con esa predisposión a la espera que no es nada frecuente en quien ha subido palmo a palmo la consideración de sus contemporáneos y ha encontrado finalmente eco a sus propuestas y “locuras” artísticas con la fama.

Sin duda el fenómeno Morente no fué prodigio de un día, ni de una sola época, fué un recorrido en etapas que abarcó casi medio siglo del flamenco sin que nos diéramos cuenta de tan cerca como lo teníamos y es ahora cuando podemos observar el inmenso talento que supo administrar con tiento y paciencia sin improvisar más allá de lo necesario. Algo que él mismo confiesa en uno de los paneles explicatorios que pone en su boca comentarios y opiniones. Así, creando, como a  Picasso, le sorprendió la musa, mientras hilaba de una puntada a otra el bello tapiz musical que hoy podemos contemplar casi completo. No del todo, por culpa de su prematura muerte y la rotura por tanto de los otros proyectos que llevaba en la cabeza (“el cabezón”, le llamábamos de broma y a fuer que era verdad por el tamaño de sus inventos), y que a saber por dónde le habría llevado de haber seguido en pié. Podemos disfrutar, como diría un experto, de una obra en progresión, work in progress. Tiene Morente el mérito, innegable, de no haberse parado nunca, ni a contemplar lo hecho ni a contemplarse a sí mismo, de modo que su obra se fué estirando a lo largo y lo ancho del tiempo hasta cubrir un espacio inexistente antes, novedoso y grato donde hubo un principio de tradición y respeto a las esencias de los antepasados y una ampliación tan rotunda, que podemos hablar de un “antes y un después de Enrique”.

Enrique trabajó mucho y lo cambió casi todo sin que apenas los más lúcidos se dieran cuenta de hasta dónde amplió el canon armónico, melódico y hasta tímbrico del flamenco, y evolucionó tanto que él mismo termina por sorprenderse de la envergadura de lo realizado y exclama algo así como “sé por dónde empiezo pero nunca no por dónde acabo porque de una cosa vas a la otra”. Y esa es otra lección de esta exposición. Bien se muestra en ella que para Morente la mejor receta para crear es que no hay receta. Por eso, confiesa, el guitarrista ensaya hasta reventarse las uñas de los dedos pero el cantaor no puede ni debe ensayar, sino probarse cuando llega el momento. Para un músico que no escribe partituras, que compone de cabeza, como hacía Morente, no cabe si no pensar en el fenómeno de cantar “pa dentro” y memorizar las armonías y los giros con un don prodigioso de oido y memoria musical capaz de alquitarar cualquier cosa, sea el testamento de Cervantes o el alelado aleluya de Leonard Cohen.

Asi fué de menos a más. Primero aprendiendo al dictado de los viejos maestros, El Gallina, Paco “el de la Matrona”, Chacón, emulándolos en su corrección y estilo, para, una vez aprendido, volar sólo. A esa época corresponde su actividad en los tablaos madrileños donde se curtió con los grandes de la época, sus turnés con los cuadros flamencos por provincias y sus primerísimas grabaciones.

Luego llegó “La Estrella” y su afición por los poetas, que le abrió un nuevo horizonte letrístico y sentimental en el avejentado repertorio tradicional. Joya de esta exposición es el préstamo del retrato original que el dramaturgo Buero Vallejo hizo del poeta Miguel Hernández en la cárcel de Alicante. Lorca y su influjo, Rius, Cernuda, María Zambrano, Al Motamid de Sevilla, Elena M. Vivaldi, Luis G. Montero…  o San Juan de la Cruz no le dieron miedo.

Pronto rompió Morente el arnés ortodoxo y abrió sus alas Enrique Morente con mayúsculas, entre las críticas e ironías de algunos de sus contemporáneos, como una luminaria fabulosa y de indibujables contornos.

A partir de aquí todo fué un crescendo a dos manos: grabaciones clásicas e innovaciones sutiles en la interpretación de los palos tradicionales. Nadie podía reprocharle que no hiciera flamenco puro siempre, pero había algo más que puro flamenco.

No creo que Enrique fuera un genio, entendido como el personaje que lo tiene todo y todo de una vez y ejercita su talento sin esfuerzo desde el primer día. Todo induce a pensar que su inquietud le fué llevando cada vez más lejos y que en el inmenso oído musical de Enrique cabían melodías infinitas y lejanas en apariencia que recreó, acompasó y amoldó a su decir flamenco lleno de emoción y pasión. De ahí sus múltiples matices interpretativos y compositivos desde el uso de la orquesta clásica y piano a las corales amplias, pasando por instrumentaciones de todo tipo o  el espectacular y rompedor “Omega”, donde el cantaor pone música a textos lorquianos –los de “Poeta en Nueva York”– y partituras de Leonard Cohen, admirador confeso del poeta. Al casi inabordable surrealismo de la obra de Lorca correspondía un encuadre sonoro rupturista, excéntrico, vanguardista, con una unión de cante jondo y electricidad.

La exposición de la que hablamos muestra esa evolución paulatina y firme, emocionalmente ligada a sus avatares biográficos y a su experiencia humana. La amistad, la conversación, la juerga, el deleite de las maravillas del mundo le llevaron tan lejos como tuvo tiempo de vivir sin perder nunca la cercanía del terruño granadino con su sentido común e ironía larga. El observador podrá leer en las paredes de este recinto algunas de sus más sabias aseveraciones llenas de cuajo y temperancia.

Están también sus letras, recurso para no aburrirse en el oficio fué su búsqueda incansable de ellas en el habla popular o en los cancioneros antiguos o en los grandes poetas, valiosas y vivas en el sentir de su tiempo y en la exposición pueden contemplarse algunas de sus fuentes bibliográficas, sus escasos (parece), pero valiosos libros, donde buscó letras, romances, poesía, y sus apresuradas anotaciones que renovaron el panorama también del anquilosado abanico letrístico del flamenco.

Su respeto por las voces jóvenes queda bien patente con la proliferación de “colaboradores” que aparecen en las fotografías. Buenos y prometedores artistas junto a artistas consagrados, que entendieron y apostaron por esa musicalidad nueva de Enrique con sus escalas apoteósicas y sus redondos melismas donde el dominio de la voz no lo es todo pero si ejercicio imprescindible de mesura y novedad. Con todos ellos trabajó con gusto haciéndose acompañar de “quien conmigo va”, desde Riqueni a los Habichuela pasando por Tomatito, De Melchor, Montoyita, Paco de Lucía, Sabicas , Pat Metheny y más.

Y si música y letra han de fluir juntos en el flamenco, también fué un lujo para los que nos cruzamos con él en las calles de Granada verle cercano, sin aires de vedette o de triunfador, compartiendo los sinsabores y alegrías de esta vieja ciudad en sus tabernas o tertulias; como las flores nos regalan su perfume sin pedir nada a cambio, así Enrique iba y venía sin que se le notara.

Para acabar, esculturas de Aurora Carbonel, maquetas de los “discos probeticos”, sus guitarras, la “cuadrada” y la otra, sus botas y botines, un “abbey road flamenco en Nueva York” e innumerables objetos personales.

Tres salas completas de recuerdos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s