VENGANZA BEREBER

Aquí traemos un ejemplo de una venganza histórica que de momento parece una variante de justicia poética provisional entre la morería derrotada y el exultante campeón católico San Cecilio.

Nos referimos a la famosa ermita de dicho santo, situada junto al Arco de las Pesas- San Nicolás, y edificada en el interior de una puerta o castillo conocido como Hisn Roman, sobre la línea de muralla ibero-romana que los ziríes reutilizaron y reforzaron en los primeros años de construcción de la alcazaba Cadima y de su asentamiento en Granada, (1013).

Pasaron los siglos y de aquello que fué íbero-romano quedó ese cajón de mampostería, alto, voluminoso, alineado por una calle que lleva hasta San Nicolás y a la espalda, inalcanzable a la vista  (por quedar encerrada en una corraleta o patio de vecinos), lo que debió ser explanada o acceso hacia el interior de la ciudad medieval.

Su origen bimilenario le otorga un plus de interés; el hecho de no estar construída en recodo y tener muy cerca la de las Pesas la dejó durante un tiempo en un solapado ostracismo, pero el calicastrado, la mampostería, los arreglos, y toda su historia desconocida son motivo de observación obligada. Pues bien, pasaron por ella primero que todos llos íberos y romanos, los ziríes Sinhayas después, los  almorávides, los feroces almohades, algunos meriníes puntualmente y todas las banderías que los nazaríes criaron entre ellos para hacerse sus gobiernos ingobernables y antipáticos. Hasta que llegan los cristianos.

Centenares de años despúes de esa larga historia la puerta se convierte en capilla cuando triunfaron los inflamados  impulsores de San Cecilio y allá por el 1725 se consagra y convierte la puerta en capillita con espadaña y veleta en cruz y se dedica al primer mártir cristiano de la historia de Granada al que se da título de  Patrono de la ciudad después de un descomunal fraude histórico que aún colea.

Hasta aquí todo más o menos cosa sabida pero hete aquí, (y es lo que queremos contar), que al San Cecilio de la capilla le ha salido un grano en la portada: un santo de origen moro, exactamente de Hipona, (Túnez), un bereber racial de tomo y lomo que  le ha escamoteado la hornacina y saboteado su preeminencia indiscutible en la fachada.

¡Una venganza en toda regla, señores¡ ¡Una impostura imperdonable.¡. Obispo fué como Cecilio, pues lleva mitra,  letrado sin par como aquél, docto y erudito como pocos, pero nunca pisó Granada. Se trata ni más ni menos que del “amazig o bereber” San Agustín de Hipona que ha descabalgado a San Cecilio para colocarse él y robarle de esta forma el protagonismo. Y se detecta fácilmente el sabotaje porque según los expertos San Agustín de Hipona (el tunecino) suele llevar un corazón o un libro en una mano y en la otra su báculo; asunto, el del corazón, que no lleva precisamente a San Cecilio.

Lamentable usurpación, intolerable desatino:

Lástima que la historia no sea exactamente una vendetta: En la ornacina de la foto reinaba San Cecilio hasta que unos gamberros hace ya unos años la echaron abajo y la hicieron pedazos. Y en la Parroquia de al lado, probablemente El Salvador, había un santo con mitra en un rincón, aunque sin báculo, que encajaba de maravilla y el Señor Cura no se lo pensó dos veces.

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