“EN EL RÍO AQUEL”…(de Miguel Ríos).

 

Uno de los misterios pendientes de aclarar del universo de las estrellas granadinas que en el mundo han sido y aún siguen siendo, (pocos pero contundentes),  uno es sin duda el nombre del río que catapultó a la fama a Miguel Ríos, valga la redundancia, muchacho entonces de bozo juvenil y aires rompedores que se desempeñaba de vendedor de ropa en los almacenes Olmedo del centro de la ciudad y cuyas aficiones y carácter no tardaron en deslumbrar en la Meca musical de entonces que no era otra sino Madrid. Allí, llegó, vió y venció, por culpa del “Río Aquel”.

Fué a grabar Miguel Rios a Madrid llevado de la mano de un falso mánager llamado Arturo, el cual no bien llegaron a Madrid se perdió en una calle del Rastro con las doscientas pesetas que llevaban en común y ya no se le volvió a ver el pelo jamás y desde ese mismo momento Miguel tomó en sus manos su destino y se decidió a triunfar por todo lo alto y a lo grande y para siempre y así lo hizo de cabo a  rabo, que después del Río Aquel vino la “Popotito”, el  “Vuelvo a Granada”, y detrás de la ida y la vuelta a la misma Granada del éxito, otra media docena de bombazos que culminaron con el Himno a la Alegría y el acabóse americano, el rock ibérico y Miguel Ríos convertidos ambos en mito casi planetario de arrojo y modernez universal; que hasta a Beethoven metió mano y nos hizo, pese a quien pese y le duela,  más melómanos y más colegas que nunca.

Pocos saben sin embargo cuál fué aquél río, y por qué en aquél y no en otro se confirmaron aquellos ardores amorosos del muchacho a punto de salir de la ciudad casposilla y timorata que era Granada entonces, de dónde pues le brotó aquella melodía melancólica y prometedora de un  gran encuentro erótico probablemente inconsumable que puso del revés los tiernos corazones de las adolescentes y muchachones de entonces; sufridas víctimas de los sinsabores del amor en diferido y las esperanzas sin retorno de las aguas de aquel incógnito río. Ah, amigos, el río…, aquel, cuántos suspiros de desesperanza y deseos de incontinencia creó con un par de acordes. Ese río se hizo más famoso que el de Heráclito o Parménides, más cristalino que la cristalina fuente de San Juan de la Cruz, más insistente que perrillo de Pavlov, que era oirlo y casi ponerse uno a lloriquear irremisiblemente.

Así que como arqueólogos de ocasión nos hemos permitido la licencia de meter la nariz en el citado episodio para aclararlo definitivamente y para siempre y para bien de todos. Para cuantos lloraron y gimieron o para los desdeñosos de ocasión que preferían a los Pekenikes o la Piquer o al irresistible Escobar;  para todos ellos va esta investigación exhaustiva que aclarará el lance en un instante. Nos ha costado años, pero aquí está la respuesta, verdadera, certera y jubilosa.

Hemos contado con un equipo de investigación multidisciplinar de primera fila que reune a antiguos amigos, mecenas, exnovias, profesores de judo e historiadores en general. Veinte personas componen este equipo científico que aclarará definitivamente el dónde y el cuándo (aunque no el Cómo) de este transcendental encuentro para la historia de la música y por supuesto de Granada.

Pues bien: Don Matías Verdón Amores, (de profesión detective), nos dejó señalado por escrito que fué en el río Cubillas, bajo los pinos y zarzas del vecino pinar donde tuvo lugar la  encelada con una joven gitana de nombre Carmelilla, prima hermana del guitarrista Marote. El Cubillas le encantaba a Miguel, aunque no por lo de los pijos del Tiro de Pichón que llegaban allí con los cochazos de sus padres (y las estudiantas de farmacia) a ligar,  sino por la cercanía a Chauchina, pueblo de sus antepasados y en particular de su abuelo Miguelón hombre que destacaba en el juego de petanca. Carmelilla era  morena, un poco bisoja y con una melena acaracolada que le tapaba la espalda. Carmelilla era buena pero con un pronto muy feo. Podía dejarse tocar el pelo, pero ni un pelo más. Fué en la primavera de 1965, lo recuerdo bien, dice Verdón,  Miguel andaba como siempre pelado y mondado, gastándose la pasta en ropa, quincallería, y una chupa de cuero de segunda o tercera mano que ME costó cien duros de entonces y Ella le dió calabazas por culpa de un cuñado que los siguió a caballo y los esperó emboscado tras los pinos.

 

Dice al respecto Bruno Alcaraz Masáts, (Archivero Internacional) que no, que esa información es errónea puesto que el famoso bañíto fué más arriba, en las pozas del río Beiro, junto a Víznar, en un paraje de choperas, nogales y un único y misterioso macasar a cuya sombra se cobijaron una vez consumado… el baño. El estribillo del Chiri pichiri, chiri, chiri…etc. No es sino el espurreo del agua por la boca nada más salir del río, responde lacónico el agudo Alcaraz, el cual dice tener muy buenas fuentes en Fuentevaqueros, a unos kilómetros del lugar señalado. ¿La muchacha?. Muy rubia, ojos azules, bañador rojo escarlata, obviamente de Fuentevaqueros.

Bruno, que en general sabe mucho,  esta vez se equivoca: Pues no y no fué ahí, nos asegura Agustín, “el de los Angeles”: quien dice que todo vino a pasar en el río Aguas Blancas. Miguel quiso bañarse en bolas. La moza, Angustias Morcillo, que estaba para “toma el pan y moja”, sobrina nieta del citado pintor, se puso  esquiva y zahareña y le pidió por escrito una declaración de amor para siempre, asunto que embarazó de tal forma a Miguel en la redacción que ella dudó de su fidelidad y lo dejó alli plantado apareciendo dos horas más tarde en los Altos del Zaidín, junto a la vaquería del Corpas, hecha lo que se dice un gato garduño, enrabietada y feroz. Conste que me lo contó en persona y en plenas facultades mentales y de las otras a los pocos días del suceso.

Bah, niega la mayor Josemaría Ojeda, amigo y manager durante años del artista. Fué por los Cahorros, nada más pasar el segundo puente, que entonces era de madera. La muchacha se llamaba Pía Asunción Escobar, de los Escobar de la calle Tablas. Muy buena muchacha, muy guapa, cantaba en un coro de parroquia y le ayudó a encajar el Chiri bichiri, chiri, chiri, chiri, chiri, una genialidad que dió la vuelta al mundo con su voz de pajarito impostada a la de Miguel. Ni besarse siquiera pudieron porque estaban rodeados de familiones con tarteras de morcilla, filetes y ensaladilla rusa tirados por el pasto. Ella luego lo dejó por un pasante de largo recorrido de una notaría. Miguel trató de reponerse y fué por ello que un día pidió prestado dinero a los amigos y se marchó, muy despechado a Madrid. Tardó no menos de dos años en triunfar en el Price precisamente un día que sustituyó a Doménico Modugno atacado de una monumental resaca con pólipos.

Paquito A. G.Calvo, (profesor de Judo) aporta otros interesantes datos: el día aquel me los crucé en el Puente Verde. Iban en bicicleta, poco sabían ellos que a mitad de la tarde se iba a desatar la tormenta del siglo. Parece que fué en el río Monachil, entre Alhedín y las Gavias. Llevaban los bañadores en la mano y una bolsa de envolver de los almacenes Olmedo con los bocadillos un poco churretosos de tortilla con pepinillos. El pepinillo le ha gustado siempre mucho a Miguel. Miguel es mucho de pepinillos. Coño, como que hubo un tiempo que le llamábamos, Maik, el de los pepinillos..

La pena fué que por falta de previsión, la corriente, muy crecida, se llevó las dos bicicletas y como Miguel no supo o no pudo reponerlas, tomó el petate y se largó de noche, a escondidas para Madrid. La canción la compuso en el tren, entre el pasillo y la puerta del famoso Expresso de Medianoche. No es que no se acordara de la muchacha, pelirroja y con pecas,  es que determinados asuntos es mejor olvidarlos, por eso la letra tiene mucho chiri bichiri, chiri, chiri, chiri..

Mariola Fajardo, asegura que Miguel le tiró los trastos más de una vez y que todo su empeño era dar un paseo por ahí…por el río. Se lo dijo quince veces, tarareándola, menudo coñazo. Me decía Miguel: en el río aquel, tu y yo y el amó..y lo tarareaba diez o doce veces, seremos muy felices. Y lo seseaba, que es cosa muy rara aquí en Graná, que o se zezea o nada. Pero cada día soltaba un rio, que si el Genil, que si el Monachil, que si el Aguas Blancas, que si el río Verde de Nerja. Llevaba en cartera lo menos quince ríos y el pantano de los Bermejales.

Ni más ni menos que en Pinillos fué aquello, nos indica amablemente Fco. Javier Hernández, primo hermano de un cuñado de su padre. Yo a Miguel lo he tratado mucho. Muy buen muchacho, con las ideas siempre a la última. Le crecía mucho el pelo y por eso lo del baño, le salía más barato que la brillantina. Y Pinillos está ahí a dos minutos cuesta abajo. Bajas al río avanzas poco más de un Kilómetro y no te ve ni Dios. Creo que fué ahí donde se llevó todo a cabo. Y no iban solos, iban dos o tres parejas más que se remojaron un rato y luego, pues eso, dos pasos para allá o para acá y cada pareja a lo suyo. Lo malo fué a la vuelta, que se confundieron de camino y terminaron desorientados en La Peza y llamaron a la puerta de la casa del cura y éste estuvo a punto de casar a las tres parejas  a las 3 de la mañana por trescientas pesetas.

Es una historia bonita, alegre sin duda, pero completamente inventada señala ceñudo José L. Jiménez Teresa, guarda forestal de la zona de Dílar. Yo soy testigo de cargo de que fué ahí, en los cortados de Dílar, completamente sólos Miguel y una muchacha de muy buen ver se echaron al río. El agua estaba helada, salieron enseguida correteando como faunos por entre los árboles y los matorrales para entrar en calor pero la mozuela corría como un galgo; Miguel entonces no practicaba el gimnasio, andaba escueto de pulmón y fumaba, fumaba dos o tres paquetes de bisonte al día, y no la alcanzó.Yo mismo estuve a punto de echarle un cable, pero entonces empezó a silbar el  Chiri, chiri, pichichiri, chiri… y ella paró y mansa como un corderito le dijo aquello, “tu y yo y el amor”… Era  Migué en persona, luego Mike, el de los almacenes Olmedo, el mismo; qué voz tenía el gachó. Así que pasó lo que tuviera que pasar, que no lo diré por secreto profesional  y aquí Paz y después Gloria, que yo con mis anteojos no perdí detalle. Lo juro. La joven era blanquísima y espigada, parecía holandesa.

Lo voy a decir todo en una frase y no me repetiré puesto que la verdad no tiene más que un camino. Me llamo Angel Navarro, fuí amigo suyo, amigo del alma. El y yo nos queríamos como hermanos. El desgraciado me quitó la novia. Se llamaba Conchita, vivía en el Barrio de Fígares, era pastueña, lírica, comercial, una bicoca con pasta y pantalones receñidos. La amaba con toda la fuerza de mi alma pues en ella cifraba mi futuro.. Me partió el alma, la partió el corazón. La llevó al Tajo Pollero, en el Darro, un sitio de suicidas y gente infame.  La mostró la infinitud del mundo y la fragilidad del éxito y se enamoraron para siempre.No digo más; que hable EL, que hable si tiene aldabas de contradecirme.

Perfectamente aclarado todo y expuesto con la rotundidad requerida, aquí queda cerrado el caso para siempre. Podemos por fin descansar en paz.

Al menos para este equipo científico no hay nada más que añadir excepto el Chiri, chiri, Pichiri, chiri, chiri qué a saber qué puñetas querrá decir.

Anuncios

2 comentarios en ““EN EL RÍO AQUEL”…(de Miguel Ríos).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s