EL RUBÍ DEL REY BERMEJO DE GRANADA. ¿Fantasía o realidad?. 

El gran polígrafo Al Jatib deja un retrato poco amable de Abu Said, “el rey Bermejo” el usurpador e intrigante sultán de la saga nazari que aparece con el nombre de Muhammad Vl y  que organiza un sangriento golpe de palacio para asesinar a Muhammad V. Este salva la vida de milagro, huida mediante, mientras el Rey Bermejo encumbra en un su lugar a Ismail ll, cuñado suyo y  a la sazón un tierno infante al que desdeña y manipula, para asesinarlo un año más tarde y erigirse él en en el nuevo monarca.

Situaremos a Muhammad Vl, “Abú Said”, en su salsa de gobernante desde el año  1339 al 62 y desgranaremos algunas de sus perlas más oscuras al lado de esta historia fabulosa, documentada y probada por grandes expertos, para tomarle la medida al rubí más apreciado del mundo por el que tristemente ha pasado a la historia este rey granadino.

Tres años se mantiene al frente del Estado nazarí el Rey Bermejo con una política errática que le lleva a pactar con los aragoneses de Alfonso lV el Ceremonioso en detrimento de Pedro l de Castilla, (el famoso Pedro el Cruel), reniega del  pago de las parias a Castilla y llega a hacer la guerra contra los castellanos en costosas algaras de nulo rendimiento. Mal estratega, inhabilidoso político pronto desestabiliza el complicado y frágil equilibrio de alianzas nazarí con sus vecinos provocando un desconcierto general que en nada beneficia sus propios intereses.

Dice Al Jatib, Visir de Muhammad V y víctima también del complot, que era feble, iracundo y poco escrupuloso y en todo se condujo como un sátrapa desleal y tiránico. Para dar idea del empequeñecimiento que provoca su mal gobierno se citan dos anécdotas muy sabrosas: contrató, como era constumbre cortesana a algunos poetas de palacio para halagar su nombre y sus supuestos hechos gloriosos pero éstos, a sus espaldas, le hacían sátiras mordaces que la población se aprendía y recitaba de memoria en los zocos y mentideros. Pelirrojo de piel muy blanca, de mediana estatura, le gustaba la holganza y el buen vivir aunque al tiempo era rencoroso y vengativo. Fumaba hachís en exceso y tenía una debilidad manifiesta por los efebos y las piedras preciosas.

Alguno de estos poetas “a sueldo” reflejaron el descontrol  y desorden de su gobierno con una frase lapidaria: “En este tiempo si alguien quisiera casar a su hija encontraría en un sepulcro el mejor de los maridos”.

Con estas mimbres ya podemos hacernos una idea de las calaveradas y hechos fallidos de Abu Said en su corto reinado. Mal le iban las cosas, incapaz de enderezar su propio rumbo cuando su enemigo Muhammad V logra llegar a Ronda, donde arma un pequeño ejército que une al de Pedro para destrozar al ejército nazarí en la batalla de Guadix. Desarbolado el ejército, sin aliados importantes y a punto de perderlo todo, al Rey Bermejo sólo le queda solicitar el perdón del rey castellano y asumir el vasallaje que evite a toda costa que éste apoye a su rival. Para su desgracia las consecuencias de esa “arriesgada” decisión acabaron para siempre con sus posibilidades, no sólo de reinar sino de salvar la vida, pues como es bien sabido, Pedro l, que era hombre de ideas fijas y rencores profundos  muy raramente perdonaba a quien le hizo traición y el conocido también como Abu Said no sería la excepción. Pero de tal hombre, como Abu Said, tal decisión.

En esas circunstancias Abu Said carga un convoy de piezas escogidas del Tesoro nazarí: todo el oro y la plata conveniente que pueda cargar un séquito de burros y de acémilas para aplacar a Pedro  y él mismo disimula entre sus ropas piedras preciosas de gran valor camino de Sevilla, donde el rey castellano  tiene instalado su Real. Vestido con la casaca roja de la sumisión y montado sobre un humilde pollino, Abu Said hace llegar a Pedro noticias de su petición y éste le espera en Tablada, muy cerca de la capital sevillana. Ante él se presentará en afán de perdón y arrepentimiento con las muestras materiales que ha cargado de las arcas de la Alhambra: lo más llamativo del Tesoro real que un día fué de Muhammad V.

Y aquí empieza la historia del “rubí rojo del Rey Bermejo”. Pues como cuenta el Canciller Ayala en su crónica de la cena en que es detenido y desnudado el granadino : “El Rey moro fué catado a parte si tenía algunas joyas consigo e falláronle tres piedras falaxes muy nobles e muy grandes, tan grandes como huevo de paloma, e doblas, e joyas, e todas las ovo el Rey (Don Pedro).

El desenlace es bien sabido: Pedro alancea al Rey Bermejo  hasta matarlo y ordena cortarle la cabeza y enviársela a Muhammad V.

Estas piedras falaxes de las que habla el Canciller Ayala eran rubíes en forma de bala, originarios de Birmania, de las minas de Badakashan, señalan los gemólogos. Muy probablemente fueran transportadas y vendidas por los mercaderes genoveses que llegaban hasta el corazón de la “ruta de la Seda” donde los brillantes y las piedras preciosas eran piezas muy codiciadas. De ahí a manos de la Corona nazarí no había más que un paso.

¿Qué fué de esas piedras falaces, de esos rubíes color sangre que en mala hora desperdició el “Rey Bermejo?: avancemos solamente 5 años, situémonos en el eje de la Guerra Civil entre Pedro l y Enrique ll de Trastámara:  2 de abril de 1367 en la Batalla de Nájera donde los dos partidos se enfrentarán a muerte con la ayuda de los dos ejércitos más experimentados y rudos de la época.

Pedro ha conseguido alquilar los servicios del Príncipe Negro, Príncipe de Gales e hijo de Eduardo lll de Inglaterra, y pariente lejano suyo, y en el bando contrario las temibles Compañías Blancas de los mercenarios franceses de Beltrán Dugesclín apoyan a Enrique ll Trastamara, hijo del mismo padre y de su amante Leonor de Guzmán. El feroz choque de dos ejércitos brutales amamantados en la Guerra de los Cien Años en suelo francés cae del lado de los arqueros ingleses de Pedro.

El Príncipe Negro exije de inmediato el cumplimiento de los pagos comprometidos: entrega del Señorío de Vizcaya y 550.000 florines para costear el colosal ejército que ha intervenido.

Pero Pedro paga mal, despacha al Príncipe Negro con los saldos no empeñados del tesoro propio  y el fabuloso rubí de “el rey Bermejo”, el más grande y el más suntuoso de los que circulan en la época cambia de manos. Y de esas manos británicas no saldrá nunca.

Y en manos de la Corona inglesa, (en cuatro dinastías), ha permanecido todos ésto siglos hasta nuestros días, que luce en la Corona de la Reina de Inglaterra, la imperal “State Imperial Crown” de 3 kilos de oro, 2783 diamantes,277 perlas, 4 esmeraldas, 17 zafiros, 5 rubíes y 3 gemas, de las cuales la más lucida es la del rey Bermejo, situada  en el frontal de la misma, engarzada con un alambre de plata que tapa otro rubí más pequeño.

Se trata de un rubí de 170 kilates, 5 cms de largo  y 34 gramos de peso, con forma de octaedro irregular, bien conocida como la espinela del Príncipe Negro. Malvendida por Pedro l de Castilla, inútil pieza de cambio  del rey Bermejo, aquel rey efímero que perdió la vida, el reino y la gema más famosa del mundo por su mala cabeza.

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Un comentario en “EL RUBÍ DEL REY BERMEJO DE GRANADA. ¿Fantasía o realidad?. 

  1. 7 .. tú, Muley no me haces caso,
    por andar bajo andamios y maromas,
    8 entre sacos de estuco y de ladrillos
    y carretas que traen lajas de piedra,
    9 para un árido erial, frente a enemigos
    – quienes, ávidos, crueles, nos hostigan –
    ….
    10 … cual quien junta arrayanes, por plantarlos
    en ruinoso solar y casa yermal ….
    14 No abuses del poder, despierta, ahorra
    y, en tu bien, haz crecer tropas y erario.
    Ibn al-Jatib

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