MANUEL DE FALLA EN GRANADA

FALLA EL AMOR BRUJO por La Fura del Baus. radissa--644x362

La presencia del músico Manuel de Falla en Granada representó una extraordinaria aportación en el ámbito cultural y promocional de la ciudad. En ella se integró de manera ejemplar formando parte de los grupos intelectuales y artísticos que promovieron el cambio de los viejos corsés conservadores y en ella hizo grandes amigos y mantuvo una activa participación en las iniciativas renovadoras que solicitaban los nuevos tiempos. Su llegada a la ciudad vino precedida por una gran fascinación por su paisaje e historia y el hecho de ser bien recibido de primera hora y encontrar una adecuada residencia facilitó su estancia durante casi veinte años. Si finalmente se marchó al final del 39 fué por la ingesta del cáliz amargo de la Guerra Civil y los intentos de captación por uno de sus bandos y hacérsele insoportables las dramáticas circunstancias de aquellos días.

Manuel de Falla Matheu nace en Cádiz en 1876. Hijo de José María Falla y de María Jesús Matheu. Siendo niño cursó estudios de música con su madre, que era pianista solvente y con maestros de la ciudad. Desde edad muy temprana manifiesta una gran inclinación a la música que su madre alienta y estimula; queda muy impresionado por las canciones populares que escucha en casa y en particular las de una criada que rememora con fidelidad extraordinaria los cantes antiguos de la campiña de Córdoba. De ella, dicen los biógrafos, tomará Falla su pasión por el cante jondo y las canciones populares.

Pronto sus padres lo mandan a estudiar piano a Madrid con el maestro José Tragó en compañía de su hermano Germán; Tragó, profesor del Conservatorio, le enseña las lecciones básicas del piano que Falla aprende con rápidez terminando los siete cursos en dos años. En 1889 obtiene el primer premio  de piano guiado por Amadeo Vives,

En esta época estudió también composición con el maestro Pedrell, figura singular de investigador de las músicas populares y folclóricas que tendrán una influencia fundamental en la decantación musical de Falla como gran valedor de la música popular y en particular del cante jondo.

De 1907 a 1914 pasará los años fundamentales de su formación en París donde mantendrá contactos, influencias y gran amistad con los grandes músicos del momento como Debussy, Maurice Ravel, Dukas, y el ya consagrado Isaac Albéniz. Sus influencias en lo que se llamó “nacionalismo musical” son determinantes en la evolución y maduración del joven músico.

No sin apuros económicos logra componer y dar a la luz en París sus primeros éxitos internacionales, como  La vida breve, El amor brujo, El sombrero de tres picos o la Fantasía bética, entre otras obras de gran proyección internacional, que le convierten en una figura relevante entre los músicos europeos de su generación. La llegada de la Primera Guerra Mundial a Francia le obliga a abandonar París pasando en Madrid, aunque en continuo movimiento profesional, casi cuatro años.

Su primera presencia en Granada llega en el 1916 en concierto sinfónico en el Palacio de Carlos V, al que asisten los ballets rusos y queda muy impresionado por el carácter monumental -al par que íntimo-, de la ciudad y sus bellos espacios naturales. La influencia de Juan Ramón Jiménez y su necesidad de un espacio propicio para componer alimentará su sueño de residencia en Granada, ciudad que le seduce y asombra y a la que no tardará en llegar.

En el 1920 los amigos granadinos le buscarán un pequeño carmen en la Calle Real de la Alhambra, el carmen del Avemaría, donde pasará unos meses hasta el momento en que encontrarán el definitivo carmen, el de la Antequeruela donde pasará casi veinte años ininterrumpidos dedicados a la composición y creación musical en compañía de su hermana Carmen.

Sin perder nunca sus lazos con el exterior y la extensa lista de amigos europeos irá construyendo una obra profunda, íntima y de gran complejidad donde se funden las raices de la música autóctona, en particular la andaluza, con las grandes ambiciones sinfónicas de un compositor apasionado, minucioso y de gran profundidad.

En Granada se sumerge en el espíritu de la ciudad, hace grandes amigos y participa en la raquítica por entonces vida cultural promoviendo iniciativas y actividades que revitalizarán como un tiempo nuevo su presencia en la capital. Así colabora con la tertulia del Rinconcillo en la organización del Concurso del Cante Jondo. Hace venir a sus amigos de allende las fronteras, promueve la afición musical con gran dedicación y empeño. Sus costumbres prudentes y educadas así como su simpatía y cariño le convierten en una celebridad pública de la que rehuye con ascética humildad. Y aquí, en los bosques de la Alhambra, en un ambiente de íntima soledad pasará años imborrables que por desgracia quedarán truncados en el año 36 con la sublevación fascista y el fusilamiento de buena parte de sus mejores amigos a los que intenta salvar con poco o ningún éxito como sucedió con Federico G. Lorca o la modista Rosario Fregenal, y otros más.

En esos casi veinte años de estancia en Granada, en el Carmen de Santa Engracia, ahora llamado de la Antequeruela, Falla creó un número importante de obras diversas, casi todas por encargo, excepto la que era el gran empeño de estos años granadinos que nunca verá culminada: La Atlántida, sobre un extenso poema de Jacinto Verdaguer, en la que intentará unir la historia de Cádiz, el mito de los atlantes, el descubrimiento de América y la conversión de sus habitantes al catolicismo. Hombre piadoso y de gran corazón vió morir a los mejores de sus amigos y cuando pudo, en silencio, abandonó España. Huyendo tal vez del empeño de su paisano Pemán para que compusiera una gran obra de signo patriótico franquista, huyendo del terror nocturno de cuanto sucedía a escasos metros de su antes silencioso e íntimo carmen.

En su piano “pleyel” de la Antequeruela que sobrevivió a tantas calamidades dejó escritas un buen listado de obras que pasamos a relatar:

1920. Llega a Granada. Primer domicilio en la calle Real. Los amigos le facilitan el alquiler del Carmen de Santa Engracia. Termina la versión original del “Homenaje a Debussy”, su gran amigo parisino.

1922: organización del Concurso del Cante Jondo

1923. Entrega a la Marquesa de Polignag del “Retablo de Maese Pedro”, con figurines y decorados de de Picasso, H. Lanz y M. Ángeles Ortiz, tras el experimento familiar en la navidad en la casa de los García Lorca.

1924. Acaba la obra “Psiché, sobre texto de su amigo Jean Aubry.

1926. Estreno en Barcelona del “Concerto” para su amiga clavicembalista polaca Wanda Landowska.

1927. Estreno en París del “Soneto a Córdoba” en la Sala Pleyel. Homenaje a Góngora y a sus amigos de la generación del 27.

1933. Estreno por la Orquesta sinfónica de Madrid de su obra “Fanfare”, homenaje al maestro Arbós.

1935. Compone “La tombeau de Paul Dukas”, encargo de la Revue Musicale en la muerte de su compositor amigo.

1938. Compone la obra “Pedrelliana” en homenaje a su mentor y maestro Felipe Pedrell para completar la trilogía de homenajes a sus amigos, Debussy, Dukas, Arbós.

1939. Marcha a Francia camino de Argentina a su autoexilio voluntario huyendo de las reiteradas intentonas del régimen franquista por sumarle a sus partidarios. Lleva los borradores de la Atlántida y unos pocos objetos personales.

Sus amigos reunen y guardan en sus domicilios y en un convento muebles y enseres. Hermenegildo Lanz dibuja las

habitaciones con todos sus elementos.  Nunca los recuperará porque en

1946. Muere en Alta Gracia, Argentina. Contra su voluntad, el régimen hizo un funeral de estado y le enterró en la catedral de Cádiz.

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